La realidad del consumidor latinoamericano en 2026 se encuentra definida por una compleja intersección de factores económicos, sociales y emocionales. La economía se mantiene como la principal preocupación para el consumidor latinoamericano. Esta tendencia se ve alimentada por una profunda desconfianza en las instituciones; seis de cada diez latinoamericanos consideran que el sistema social está fracturado y desconfían de la justicia y la policía. Como respuesta a esta crisis institucional, el 64% de los compradores prefiere vincularse con marcas que reflejen sus valores personales, priorizando la transparencia y la coherencia por encima de otros atributos. La rapidez del avance tecnológico ha generado un sentimiento de saturación en la región. Ante un poder adquisitivo que no ha recuperado sus niveles previos a la pandemia, el ahorro se ha vuelto una prioridad para el 90% de los encuestados. Esto ha impulsado que el propósito social de las empresas sea un factor decisivo, con un 80% de las personas convencidas de que es posible combinar la rentabilidad con el apoyo a causas justas. El informe advierte que el aumento en la percepción de violencia está modificando los hábitos cotidianos. No obstante, el consumidor siente que ya ha alcanzado su límite de acción individual y exige que sean las empresas quienes faciliten soluciones sostenibles, accesibles y claras. El hogar se ha consolidado como un refugio ante un entorno exterior percibido como peligroso, lo que ha acelerado de forma definitiva el uso de servicios de delivery y comercio electrónico. En un entorno caracterizado por la volatilidad y el cambio constante, comprender las motivaciones de compra requiere un análisis profundo que trascienda las métricas tradicionales.
Según el directivo, el objetivo es permitir que las marcas desarrollen propuestas que no solo sean comerciales, sino también empáticas y consistentes frente al contexto social y cultural que atraviesa la población.
Tensiones económicas y desigualdades persistentes. La economía se mantiene como la principal preocupación para el consumidor latinoamericano. Esta tendencia se ve alimentada por una profunda desconfianza en las instituciones; seis de cada diez latinoamericanos consideran que el sistema social está fracturado y desconfían de la justicia y la policía. Como respuesta a esta crisis institucional, el 64% de los compradores prefiere vincularse con marcas que reflejen sus valores personales, priorizando la transparencia y la coherencia por encima de otros atributos.
Bienestar, tecnología y el factor ambiental. La rapidez del avance tecnológico ha generado un sentimiento de saturación en la región. Ante un poder adquisitivo que no ha recuperado sus niveles previos a la pandemia, el ahorro se ha vuelto una prioridad para el 90% de los encuestados. Esto ha impulsado que el propósito social de las empresas sea un factor decisivo, con un 80% de las personas convencidas de que es posible combinar la rentabilidad con el apoyo a causas justas.
Inseguridad, desconfianza y el refugio en el hogar. El informe advierte que el aumento en la percepción de violencia está modificando los hábitos cotidianos. No obstante, el consumidor siente que ya ha alcanzado su límite de acción individual y exige que sean las empresas quienes faciliten soluciones sostenibles, accesibles y claras.