Economía Política Local 2026-04-04T17:41:45+00:00

El patrimonio gastronómico de Panamá en una era de transformación

En Panamá, la cultura gastronómica, especialmente la afropanameña, se enfrenta a desafíos del desarrollo urbano. El artículo explora cómo preservar las tradiciones y fortalecer la economía local en la era de la modernización.


El patrimonio gastronómico de Panamá en una era de transformación

En Panamá, los sabores, saberes y prácticas culturales se entrelazan, dando forma a una experiencia que trasciende el acto de comer. No obstante, en medio de los procesos de transformación urbana surgen tensiones que no pueden ignorarse. Provincias como Panamá, Colón y Darién destacan por preservar y proyectar con orgullo sus costumbres y sabores. Actualmente se impulsan proyectos orientados a la optimización y modernización de la ciudad, pero estos pueden generar efectos colaterales en quienes sostienen, desde lo cotidiano, la identidad del lugar. Apostar por un modelo de consumo más eficiente implica fortalecer los vínculos que ya existen en el territorio: desde quien cultiva o trae los ingredientes, pasando por los pequeños vendedores que los distribuyen, hasta los cocineros que los transforman en platos llenos de historia. En este contexto, el corregimiento de Río Abajo emerge como un punto vital donde la tradición afroantillana no solo se conserva, sino se vive en el día a día a través de su gastronomía, sus pequeños negocios y sus dinámicas comunitarias. Sin embargo, hay momentos en los que todos nos entusiasmamos con la idea de transportarnos a un universo de un sabor único, como lo es la gastronomía de ascendencia afro. Esta cultura, profundamente arraigada en nuestra herencia criolla desde la construcción del ferrocarril y el canal de Panamá entre los siglos XIX y XX, forma parte integral de lo que nos define como pueblo. En distintos rincones de este hermoso país conviven sabores tradicionales, internacionales y fusionados. En cada plato hay una historia que merece ser preservada, no como un recuerdo distante, sino como una experiencia viva de nuestra identidad. Preservar estos sabores no es mirar al pasado; es sostener lo que somos. La autora es arquitecta y estudiante de gastronomía. No se trata de oponerse al progreso, sino de construir una armonía donde el desarrollo no implique la pérdida de la herencia. Mantener ese equilibrio no solo preserva la tradición, sino también fortalece una economía local que se alimenta a sí misma. Porque al final no se trata únicamente de acercarnos a estos sabores en fechas específicas, como el mes de mayo, sino de reconocerlos, valorarlos y sostenerlos durante todo el año. No se trata de una presencia marginal, sino de un componente esencial de nuestra identidad nacional. Con el paso de los años, las comunidades afrodescendientes han logrado un mayor reconocimiento de su cultura e identidad. Estas dinámicas no siempre logran visibilizar a todos los actores que forman parte de este tejido cultural y económico. El desafío radica en lograr una verdadera integración. Es un circuito cercano, casi invisible, donde todo ocurre en un mismo lugar y donde cada actor aporta al sustento del otro. La comida representa, para muchos, una forma de hacer memoria, de nuestros orígenes, de quiénes somos, de dónde venimos y, quizás, incluso de nuestro propósito. Este espacio podría perfilarse como un corredor gastronómico, donde no solo destacan los restaurantes, sino también los pequeños vendedores, productores y comerciantes que forman parte esencial de esta red. Hoy, más del 30% de la población panameña se reconoce como afrodescendiente, lo cual representa entre 1.2 y 1.3 millones de personas.

Últimas noticias

Ver todas las noticias