Eventos Salud Política Local 2026-02-28T16:18:33+00:00

El Ramadán en Panamá, una festividad íntima

En la nación católica de Panamá, los musulmanes observan el mes sagrado del Ramadán no con celebraciones masivas, sino dentro de las mezquitas y los hogares. En un país con una minoría musulmana de unos 10.000 personas, los fieles observan el ayuno, viendo en ello una disciplina espiritual. A diferencia de otras naciones islámicas, no hay llamadas públicas a la oración en Panamá, y la fiesta transcurre en una atmósfera calmada e íntima.


El Ramadán en Panamá, una festividad íntima

Lejos de las celebraciones masivas del mes sagrado de Ramadán en los países islámicos, los musulmanes en el católico Panamá viven una festividad íntima en el interior de las mezquitas y sus hogares. Este es el segundo viernes —día sagrado para los musulmanes— desde el inicio de Ramadán, noveno mes del calendario lunar islámico, y en la mezquita Jama, junto al paseo marítimo de la capital panameña, se han congregado más de dos centenares de fieles. "Gracias a Dios recibimos una visita de aproximadamente 250 musulmanes de diferentes raíces, tanto musulmanes provenientes de la India, de países árabes y musulmanes locales de Panamá", explicó a EFE Sajjad Ravat, asistente de esta mezquita y del Centro Islámico de Panamá. En este "mes muy bendito, muy especial", como recuerda Ravat, que comenzó en Panamá el pasado 19 de febrero, los musulmanes ayunan desde la salida del sol hasta el anochecer, en lo que supone "un mes de entrenamiento espiritual", en el que el ayuno les aporta "disciplina". "Teniendo presente a Dios en todo momento, nos abstenemos de comer y de beber, del mismo modo, esto nos ayudará a abstenernos de lo que Dios ha prohibido y así cumplir siempre las órdenes de Dios", afirma Ravat, miembro de una minoría musulmana de unos 10.000 fieles en el país centroamericano. En Panamá no hay tensión religiosa ni discriminación, aseguran algunos de los creyentes. Fuera de la mezquita, en el resto de la capital panameña, nada hace pensar que se esté en Ramadán; no se escucha el canto del almuédano llamando a la oración y la celebración transcurre de forma más recogida, a la espera de que concluya el mes sagrado, cuando los fieles acudan a las casas de familiares y amigos para compartir regalos y alimentos.

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