La ciberseguridad nacional requiere de estrategias proactivas que integren IA defensiva y monitoreo continuo para proteger la infraestructura crítica. Más allá del impacto técnico en las empresas, la automatización de ataques incrementa el volumen de fraudes dirigidos a usuarios comunes. La prevención se vuelve crítica, exigiendo no solo controles de seguridad basados en identidad, sino también una mayor capacitación de los colaboradores para reconocer las señales de ataques impulsados por algoritmos.
Un precedente inquietante ocurrió a finales de 2025, cuando se documentó el primer ataque global donde la IA ejecutó entre el 80% y el 90% de las operaciones tácticas sin intervención humana sustancial, afectando a 30 organizaciones internacionales en los sectores de finanzas y gobierno. Esta automatización reduce drásticamente los costos y tiempos de ejecución para los atacantes, permitiéndoles apuntar a sectores críticos de manera masiva.
Para Panamá, donde la digitalización se acelera en áreas como salud, comercio y educación, este panorama representa un riesgo elevado. Los expertos subrayan que los delincuentes ahora pueden imitar con exactitud las comunicaciones de instituciones financieras y autoridades gubernamentales. Ramón García, directivo de Palo Alto Networks para la región, enfatizó que la aparición de modelos diseñados para fines maliciosos reduce las barreras de entrada para los delincuentes.
Los investigadores señalan que herramientas como WormGPT o FraudGPT se comercializan en foros de la dark web bajo modelos de suscripción mensual que incluyen soporte al cliente. Cibercriminales utilizan modelos de IA sin restricciones para escalar ataques masivos. La autonomía de la IA en el cibercrimen pasó de ser una hipótesis a una realidad tras detectarse ataques globales que operan hasta en un 90% sin intervención humana.