Política Local 2026-04-01T08:36:55+00:00

Panamá: una ciudad del agua, rota por el hormigón

El artículo explora cómo la Ciudad de Panamá, históricamente una red de agua viva, se ha convertido en un tejido roto debido a la urbanización. La autora llama a reconocer el valor de los paisajes acuáticos perdidos y a replanificar para restaurar la conexión con el agua, lo que es un acto tanto ambiental como cultural.


Panamá: una ciudad del agua, rota por el hormigón

Panamá, y siempre ha sido, una ciudad del agua. La autora es arquitecta y estudiante en la Maestría en Paisajismo y Gestión Ambiental de la Universidad de Panamá. Lo que alguna vez fue una red continua hoy es un tejido roto. ¿Y dónde está toda el agua de esta ciudad? Tal vez entonces la ciudad recupere su lógica natural y su identidad más profunda. Porque, en esencia, la Ciudad de Panamá no es solo una ciudad con agua. Antes del concreto y los muros que hoy delimitan la vida urbana, existían entramados de agua viva, libres de intervenciones antrópicas, modelados únicamente por el fluir del agua, el tiempo y la dinámica propia de la naturaleza. Sus hilos —ríos, quebradas, lagunas, humedales y paisajes costeros— han sido desconectados, a veces ocupados y olvidados. ¿Cómo accedemos a ellos? Recordemos que los hilos sueltos del tejido hídrico siguen allí. Esos tejidos de agua aún existen, pero ya no se perciben. La Ciudad de Panamá que hoy conocemos no siempre fue así. Esos hilos también están en los fragmentos de vegetación que sobreviven en los bordes y en la memoria de las comunidades, para quienes el agua fue parte de su vida, de sus actividades y de su identidad. Reconocer todos estos hilos del agua y su valor es el primer paso para recomponer el tejido y acercarnos a ellos. Sin embargo, lejos de tejer nuestra ciudad con esta red hídrica, hoy esta ha quedado ausente de su rol y cada vez está más distante de las personas. Surgen entonces preguntas inevitables: ¿dónde están todos esos paisajes hídricos de la ciudad? Corren ocultos y, aun fragmentados, el agua reclama su lugar y regresa a las zonas inundables, obligándonos a recordar su presencia. Es entender que la ciudad no está sobre el territorio, sino que es parte de él. Tal vez entonces los hilos sueltos dejen de ser fragmentos aislados y comiencen a entrelazarse nuevamente. Implica entender que es el agua la que moldea y define por dónde fluir. Hoy, el territorio metropolitano cuenta con más de 50 ríos, los cuales recorren de norte a sur atravesando la ciudad. Esto implica ir a la raíz de lo que ocurre, escuchar de cerca los sentires, levantar voces que han estado calladas y replantear la planificación territorial y ambiental. Es volver a aprender a vivir con el agua. Corren ocultos y fragmentados. Así, a partir de esta lectura, se pueden establecer líneas de trabajo para planes, políticas y programas que definan reglas claras, con estrategias que transformen los tejidos hídricos en corredores vivos, accesibles y habitables, siempre de la mano con la identidad colectiva y el cuidado. Recomponer el tejido hídrico no es solo una acción ambiental; es un acto cultural e incluso espiritual. Agua, mucha agua. A esto se suma la condición ístmica del país y la colindancia con el paisaje costero del océano Pacífico, así como las precipitaciones —entre las más altas de la región— que superan en promedio los 2,500 mm anuales.

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