El rol de las farmacias está cambiando rápidamente en América Latina, evolucionando de simples dispensadores de medicamentos a centros clave para la salud accesible. Así lo concluye un estudio de la consultora McKinsey & Company, que prestó especial atención a la situación en Panamá. Los altos costos médicos están obligando a los ciudadanos a cambiar sus hábitos: el 40% de los habitantes de la región ha cambiado de farmacia en los últimos cinco años debido al aumento de precios, mientras que el 55% ha pospuesto visitas médicas por razones financieras.
En este contexto, las farmacias emergen como una alternativa vital para recibir atención. Más de la mitad de los encuestados declaró estar dispuesto a recibir servicios ambulatorios directamente en las farmacias, incluyendo tratamiento de enfermedades comunes y chequeos preventivos. Esto ayuda a reducir la carga en las clínicas y hace que la salud sea más accesible. Esta realidad es especialmente relevante para Panamá, donde una parte significativa de los gastos médicos se paga del bolsillo de los pacientes y la inflación sigue siendo palpable.
El estudio subraya la importancia de la digitalización y la logística. Alrededor del 95% de los consumidores está interesado en usar aplicaciones de salud, mientras que la falta de stock sigue siendo un problema grave: el 40% de los clientes se va sin comprar debido a la falta de disponibilidad de medicamentos. Para Panamá y la región en su conjunto, transformar las farmacias en centros médicos modernos será un paso clave hacia la creación de un sistema de salud eficiente y centrado en las personas.