Para Panamá, un país construido sobre valores democráticos y conectividad internacional, la crisis en Venezuela es tanto una preocupación moral como una realidad regional. La posición de Panamá es inequívoca: la democracia debe ser respetada y la voluntad del pueblo no puede ser ignorada. Lo hacemos no solo porque se alinea con nuestros intereses, sino porque refleja quiénes somos: una nación comprometida con conectar, facilitar y construir puentes, incluso en tiempos de profunda incertidumbre.
Panamá promueve la paz. El enfoque de Panamá hacia Venezuela es consistente con nuestra visión más amplia. Las consecuencias humanitarias de la crisis venezolana – migración masiva, deslocalización social y profundo sufrimiento humano – han probado la conciencia del hemisferio. Panamá cree que el silencio o la neutralidad ante la erosión democrática no es una opción. La crisis venezolana es una prueba – no solo para Venezuela, sino para todas las naciones que afirman valorar la libertad. La propia historia de Panamá nos enseña que la estabilidad y la prosperidad florecen solo donde imperan la legitimidad, la transparencia y el imperio de la ley. Promover la paz no significa evitar conversaciones difíciles; significa insistir en que los conflictos se resuelvan a través de instituciones legítimas y procesos democráticos. Panamá está lista para apoyar esfuerzos regionales e internacionales que promuevan el diálogo, protejan la dignidad humana y restablezcan el orden democrático.
El Impacto Económico. Uno de esos impactos ha sido el económico. El colapso del comercio venezolano ha reducido significativamente los flujos comerciales, ilustrando cómo las crisis políticas no permanecen confinadas dentro de las fronteras sino que se extienden por regiones enteras. Durante décadas, Venezuela fue uno de sus mercados más importantes. Cualquier solución duradera debe estar arraigada en esos principios y lograrse mediante medios pacíficos y democráticos. Nuestro ADN nacional no es dividir, sino conectar – conectar océanos, mercados, culturas y pueblos. Sin embargo, la economía solo cuenta una parte de la historia. Esta postura no es ideológica; es basada en principios. Esta responsabilidad tiene un peso.