La disputa geopolítica entre Estados Unidos y China por el control estratégico del Canal de Panamá ingresó en una nueva fase, marcada por lo que analistas internacionales interpretan como una victoria diplomática del presidente Donald Trump y un retroceso significativo de la influencia china en uno de los corredores logísticos más sensibles del comercio mundial. Esta operación, de alcance multimillonario, habilita el traspaso de la mayoría de los puertos vinculados al canal a manos occidentales, debilitando la posición de empresas asociadas a intereses chinos. Trump acusó a la compañía Hutchison de responder a directrices de Pekín, lo que provocó una reacción inmediata de las autoridades chinas, que salieron a defender lo que consideran sus intereses estratégicos. Uno de los ejes centrales del análisis es la figura del empresario Li Ka-shing, un magnate de origen chino que durante más de 25 años controló puertos clave del Canal de Panamá y construyó un imperio empresarial con ramificaciones en Hong Kong, Europa y América Latina. Esa decepción, sumada a la presión ejercida por Trump, derivó en la cancelación de acuerdos económicos con China y en un giro de la política exterior panameña hacia una alineación más estrecha con Estados Unidos. En el plano político interno, el presidente José Raúl Mulino enfrenta críticas por haber otorgado concesiones a cambio de beneficios considerados insuficientes, en un contexto donde el Canal de Panamá es percibido no solo como un activo económico, sino como un símbolo de soberanía y poder estratégico. Para los analistas, la disputa revela una dinámica más amplia: Estados Unidos logra recomponer influencia en un enclave clave del comercio global, mientras China pierde piezas en su tablero marítimo internacional. El canal, vital para la logística mundial y para el tránsito entre el Atlántico y el Pacífico, vuelve así al centro de una confrontación entre grandes potencias, con Panamá como escenario y actor obligado de una decisión histórica. El punto de inflexión llegó con la entrada de BlackRock, uno de los mayores administradores de activos de Estados Unidos, que respaldó la adquisición de los puertos del canal. Si bien esas expresiones no implicaron un proceso formal de reversión de la soberanía del canal, sí funcionaron como un gesto político que anticipó una serie de maniobras destinadas a limitar la presencia china en la región. En ese marco, un acuerdo reciente alteró de manera sustancial el equilibrio existente. Para Washington, el acuerdo consolida una ventaja estratégica clave y reduce la capacidad de presión china sobre rutas comerciales críticas. Desde Pekín, la reacción fue de abierto descontento. Su trayectoria, que comenzó como refugiado de guerra y culminó en la cima del poder económico global, es presentada como un caso paradigmático de ascenso financiero. Sin embargo, el margen de maniobra es limitado: Hutchison no es una empresa estatal y Li es miembro del Partido Comunista Chino, lo que dificulta una intervención directa. El deterioro de la relación entre Panamá y China también aparece como un factor clave. Desde que el país centroamericano se incorporó a la iniciativa de la Ruta de la Seda, las inversiones prometidas por Pekín resultaron escasas y, en muchos casos, no se materializaron. La operación no se limita a Panamá: involucra más de 40 puertos en 23 países, ampliando su impacto a escala global. La dirigencia china lanzó una ofensiva propagandística contra Li Ka-shing, al que acusó de traicionar los intereses nacionales, y activó advertencias dirigidas a empresarios chinos sobre la necesidad de alinearse con la estrategia del Estado.
Disputa Geopolítica por el Control del Canal de Panamá
La disputa entre EE.UU. y China por el control del Canal de Panamá entra en una nueva fase. Analistas ven en esto una victoria de la diplomacia de Trump y un debilitamiento de la posición china. La operación de transferencia de puertos a empresas occidentales cambia el equilibrio estratégico en la región.