Política Del país 2026-02-15T16:12:24+00:00

Dos águilas arpías con radioequipos liberadas en una isla tranquila para la ciencia

Científicos en Panamá liberaron dos águilas arpías criadas en cautiverio en la isla de Barro Colorado para estudiar qué tan rápido se adaptan a la naturaleza y cómo afecta esto el comportamiento de su presa: monos y perezosos.


Dos águilas arpías con radioequipos liberadas en una isla tranquila para la ciencia

El caso de Barro Colorado es un punto de referencia clave cuando se discute la reintroducción de depredadores en la naturaleza salvaje. El estudio científico que describe el comportamiento de estos dos águilas arpías criadas en cautiverio ha sido publicado en la revista Neotropical Ornithology. Los autores del estudio concluyen que las águilas arpías criadas en cautiverio pueden adaptarse rápidamente a la vida en la naturaleza cuando encuentran un hábitat que ofrece suficiente alimento. En solo catorce meses, estas dos aves transformaron un bosque tranquilo en un lugar donde estar alerta de nuevo era una cuestión de vida o muerte. El experimento, ahora un clásico en la biología de la conservación, buscaba responder dos preguntas. ¿Un depredador de élite criado por humanos retiene su instinto de caza cuando se abre su jaula? Y por otro lado, ¿qué le pasa a la presa cuando no han visto a ese enemigo durante décadas? En 1999, las cosas dieron un giro. Los científicos soltaron un macho y una hembra de águila arpía, criadas en cautiverio y equipadas con transmisores de radio. La pequeña isla panameña ofreció un laboratorio natural perfecto para probar esto. Durante décadas, no se habían registrado águilas arpías en la zona, y los primates vivían sin ninguna amenaza real desde el aire. No había aves de presa grandes que pudieran abalanzarse sobre ellos. Los monos y los perezosos se movían lentamente a través de las copas de los árboles y dormían a la vista. Casi la mitad de la presa capturada por ambos individuos eran perezosos, y el resto eran primates sociales. Entre junio de 1999 y agosto de 2000, el macho capturó 25 animales presa y la hembra 46, para un total de 71 animales. Las águilas tuvieron éxito en una tercera o mitad de sus intentos de caza, logrando una muerte cada tres o cuatro días. Esto indica que la cría en centros especializados no elimina, al menos en esta especie, la capacidad de cazar de forma independiente. Pero la otra mitad de la historia está en la presa. Un estudio posterior con monos aulladores en la isla de Barro Colorado encontró que en menos de un año estos primates pasaron de ignorar las llamadas del águila a responder con mayor vigilancia, menos tiempo dedicado a comer y vocalizaciones de alarma específicas ante el peligro aéreo. Esta reacción persistió incluso meses después de que los rapaces fueron retirados de la isla. En conjunto, estos estudios demuestran que reintroducir un depredador grande no solo afecta al número de animales que mueren, sino que también modifica los comportamientos y restaura las interacciones del ecosistema perdidas. Este hallazgo es crucial para los programas de reintroducción en América Latina. Las águilas arpías se consideran una especie Vulnerable según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y en países como Panamá, se están realizando esfuerzos para recuperar sus poblaciones mediante la protección de los bosques y la liberación de aves criadas en cautiverio.

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