Política Eventos Del país 2026-03-01T22:53:49+00:00

Leyes dracónicas en Panamá: la protesta como derecho inalienable

En Panamá se intentan imponer leyes dracónicas para castigar a los manifestantes con cárcel y llamarlos terroristas. El autor afirma que la protesta es un derecho inalienable y una herramienta para defender la democracia, mientras que la represión es una estrategia de quienes temen la verdad.


En el siglo XXI, una autoridad en Panamá intenta castigar a quienes protestan en las calles con penas de cuatro o cinco años de cárcel y llamarlos terroristas. La protesta ciudadana es la expresión más legítima de la soberanía nacional. Argumentar que los protestantes pueden ser castigados severamente o calificados de terroristas solo por usar capuchas es alinearse con extremistas draconianos que cometen abusos, corrupción y prepotencia. En Panamá, buscan emular a Dracón con leyes severas que benefician sus intereses económicos. Es una estrategia para evitar manifestaciones contra proyectos como la mina de cobre en Donoso o contratos con empresas puertuarias, que violan los intereses nacionales. La protesta es un derecho inalienable. Históricamente, este derecho ha sido violado, incluso con muertes sin que se procese a los responsables. En 1925, protestantes contra una ley de arrendamiento fueron reprimidos en el parque Santa Ana por el gobierno y el ejército estadounidense. Recientemente, los estudiantes que marcharon por 'más escuelas y menos cuarteles' fueron recordados. La protesta reclama derechos económicos, sociales y políticos que fundamentan la democracia. En esa gesta, murió José Manuel Araúz, marcando una de las represiones más sangrientas. Quienes imitan leyes draconianas, como las de Dracón en la antigua Atenas, superan los límites de la justicia. La represión no es un accidente, sino una estrategia de quienes temen la verdad. Actúa como control social cuando las instituciones son débiles o cooptadas. Frente a la incompetencia oficial, la protesta es una afirmación de dignidad y derecho a ser escuchados. Marcha en defensa del agua y la vida digna. Por Alberto Velásquez, periodista. Dracón penalizó casi todos los delitos con extrema severidad (Art. 19 y 20 Declaración Universal de DDHH). Ningún estudiante estaba encapuchado durante los disturbios. La historia está llena de sangre de ciudadanos que cuestionaron el poder, como en la Operación Cóndor. Los Estados deben proteger la protesta, no reprimirla, pues es esencial para la libertad de expresión.