Tres homicidios registrados en menos de diez días en distintos puntos de Panamá Este han encendido las alarmas entre residentes y especialistas, quienes advierten que estos hechos podrían no ser aislados, sino parte de una dinámica criminal vinculada a pandillas, narcotráfico y conflictos dentro del mundo delictivo.
El más reciente caso ocurrió la mañana de este jueves en la barriada Santa Isabel, en el corregimiento de Pacora, donde un hombre fue asesinado dentro de una vivienda por sujetos encapuchados que posteriormente se dieron a la fuga.
De acuerdo con información policial, la víctima había salido recientemente del centro penitenciario La Joya y presuntamente había recibido amenazas previas. Este homicidio se suma al asesinato de un taxista ocurrido el miércoles 11 de marzo en el sector de La Siesta de Tocumen, cuando sicarios que se desplazaban en motocicleta abrieron fuego contra el vehículo, provocando la muerte del conductor y dejando a otra persona herida.
Días antes, el 3 de marzo, otro hecho violento estremeció a los residentes de Pacora, cuando autoridades hallaron el cuerpo completamente calcinado de una persona dentro de un vehículo incendiado en el sector de Las Garzas.
Exclusión social y pandillas
Para el sociólogo José Lasso, director del Departamento de Sociología de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, estos hechos deben analizarse dentro de un contexto social más amplio. Según explicó, muchos homicidios en zonas urbanas periféricas están relacionados con la participación de jóvenes en dinámicas del crimen organizado, particularmente en actividades vinculadas al narcotráfico, microtráfico y pandillas que operan en territorios específicos.
«Los participantes de estas estructuras muchas veces provienen de contextos de exclusión social, desintegración familiar y violencia comunitaria, lo que genera altos niveles de resentimiento y ruptura con las normas sociales», señaló.
Lasso sostuvo que sectores como Panamá Este han experimentado un crecimiento urbano acelerado que no siempre ha estado acompañado por suficiente presencia institucional, servicios básicos o oportunidades de empleo formal.
A su juicio, cuando la violencia se vuelve recurrente en un territorio, la comunidad comienza a vivir bajo una sensación permanente de miedo e inseguridad.
«Se corre el riesgo de que ciertas zonas queden bajo dinámicas donde terminan imponiéndose reglas del crimen organizado», advirtió.
Señales de una dinámica criminal
Desde el punto de vista criminológico, el especialista Álvaro Menéndez considera que los investigadores deben analizar patrones comunes entre los casos cuando varios homicidios ocurren en una misma área. Entre los elementos que suelen examinarse figuran el modus operandi, los antecedentes de las víctimas y la posible participación de personas previamente vinculadas a actividades delictivas en la zona.
Menéndez explicó que el uso de encapuchados en ataques armados o el incendio de vehículos después de un crimen suele responder a intentos de evitar la identificación de los autores o destruir evidencias.
«En pleno siglo XXI, las cámaras de vigilancia y los teléfonos celulares permiten identificar a los responsables con mayor facilidad, por lo que muchos delincuentes intentan ocultar su identidad o eliminar pruebas», indicó.
El criminalista también señaló que no es extraño que personas que han tenido conflictos previos dentro de estructuras criminales o pandillas se conviertan posteriormente en víctimas de homicidios selectivos.
Desde su perspectiva, los hechos recientes podrían ser parte de un fenómeno más amplio.
«Desde el punto de vista criminológico, estos casos pueden ser señales de una dinámica criminal vinculada a disputas dentro del narcotráfico o ajustes de cuentas», afirmó.
Un fenómeno que preocupa
Mientras las autoridades mantienen abiertas las investigaciones sobre los tres homicidios, especialistas coinciden en que la violencia en áreas urbanas periféricas requiere no solo respuestas policiales, sino también políticas públicas orientadas a la prevención social.
Para los expertos, la combinación de exclusión social, crecimiento urbano desordenado y presencia de estructuras delictivas puede convertir a determinados territorios en focos de violencia si no se atienden de manera integral.
La interrogante que queda abierta es si estos hechos representan episodios aislados o el reflejo de una dinámica criminal que comienza a consolidarse en Panamá Este.