Economía Eventos Del país 2026-01-25T00:29:05+00:00

Las manos indígenas que impulsan el café panameño: tradición y una oportunidad de vida

En las montañas de Panamá, la recolección de café depende de los indígenas Ngäbe Buglé. A pesar de la escasez de mano de obra, este trabajo ofrece educación y estabilidad, manteniendo una tradición que cambió el mundo del café.


Las manos indígenas que impulsan el café panameño: tradición y una oportunidad de vida

En las montañas del occidente panameño, donde nace uno de los cafés más cotizados del mundo, el trabajo de recolección del grano depende en su mayoría de manos indígenas Ngäbe Buglé, uno de los siete pueblos originarios de Panamá. Este trabajo se desarrolla en un contexto de creciente preocupación para el sector. Tanto el presidente de la SCAP, Ricardo Koyner, como el alcalde del distrito de Renacimiento, Quintín Pitti, coinciden en que Panamá enfrenta una escasez de mano de obra para la recolección del café. Pitti aseguró a EFE que cerca de 10.000 personas migran cada año al distrito de Renacimiento para cosechar el café y muchos de ellos cruzan la frontera para Costa Rica, lo que pone en peligro la recolección que se inicia en septiembre en las zonas de menor altitud. Uno de los rostros de esta historia es Moisés Montezuma, considerado uno de los mejores tostadores de Panamá y el único juez nacional de café de origen Ngäbe Buglé, quien participa en la selección de los mejores lotes que entran a la competencia anual Best of Panama (BOP). Su trayectoria comenzó como recolector en la década de 1970, en fincas cafetaleras donde aprendió a reconocer el grano desde su origen. Fue uno de los trabajadores protagonistas de aquel primer lote que cambió la caficultura mundial, cuando el Geisha es llevado por primera vez a una mesa de cata internacional. «Poco a poco me convertí en catador sin darme cuenta», dijo a EFE Montezuma, quien asegura que primero fue prejuez y que en 2006 se convirtió en juez nacional de Panamá. Hoy reconoce la diferencia entre las variedades de café, con solo probar la miel del grano, entre ellas, el Geisha, aquel grano que colocó a Panamá en la élite mundial por su innovador sabor y fragancia. Para Leopoldo Pinto Rodríguez, quien hace 35 años se inició como recolector, cada cosecha representa una oportunidad para continuar con sus estudios. «No es una tarea fácil, pero es gratificante», afirma. La industria cafetalera en Panamá es una de las labores agrícolas que en cada zafra emplea a varios miles de personas, la mayoría de la etnia Ngäbe Buglé. «Al culminar las clases, migro enseguida para la cosecha. Con esa cosecha me ayudo con el dinero que saco al final, me ayuda para estudiar», dijo a EFE. Mientras los productores buscan soluciones a la falta de recolectores, en los cafetales continúan las jornadas de trabajo de quienes, como Yamileth, Lucas, Leopoldo y Moisés, mantienen viva una tradición que combina esfuerzo, conocimiento y esperanza, grano a grano.

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