El economista y docente universitario Olmedo Estrada lanzó una seria advertencia sobre el manejo del gasto público en Panamá, al sostener que el país no puede seguir sosteniendo subsidios que no benefician a la población más vulnerable y que solo mantienen privilegios enquistados en la estructura del Estado.
Para Estrada, la política de subsidios debe ser sometida a una revisión profunda, técnica y social, porque hoy gran parte de los recursos se diluyen entre apoyos mal dirigidos, empresas improductivas y el financiamiento público de la política.
«El problema no es subsidiar, el problema es subsidiar mal», resumió el economista al analizar cómo el dinero del Estado no siempre llega a quienes más lo necesitan.
A su juicio, Panamá enfrenta una contradicción peligrosa: mientras se habla de eficiencia y crecimiento, se siguen financiando estructuras que no generan impacto real en empleo, productividad ni bienestar social.
Estrada advirtió que si no se ordena el gasto público, el país seguirá atrapado en un círculo donde el presupuesto se consume sin mejorar la calidad de vida de la mayoría de los ciudadanos.
Gasolina: un subsidio que no llega al más pobre
Uno de los primeros puntos que Estrada puso sobre la mesa fue el subsidio a la gasolina, al que calificó como socialmente injusto y económicamente ineficiente.
Según explicó, este beneficio favorece principalmente a quienes poseen vehículo propio, mientras que la población más golpeada depende del transporte público y de servicios que siguen siendo deficientes.
«La gente más afectada hoy es la que no tiene carro. No con el dinero de los panameños», expresó.
Estrada recordó que mientras millones se destinan a estructuras partidarias, existen comunidades sin agua potable, con problemas de transporte y con servicios públicos colapsados.
«Estamos subsidiando una casta política que vive haciendo política los doce meses del año, mientras hay gente que no tiene ni lo básico».
Estrada cuestionó que el Estado siga financiando industrias que no son eficientes ni aportan significativamente al desarrollo económico.
Añadió que esos recursos deberían utilizarse para apoyar emprendimientos productivos, innovación tecnológica y sectores que sí puedan dinamizar la economía nacional.
Para Estrada, subsidiar ineficiencias solo retrasa los cambios que Panamá necesita para competir en un entorno económico cada vez más exigente.
Partidos políticos: el subsidio más polémico
El economista también fue contundente al referirse al financiamiento público de los partidos políticos, al que calificó como uno de los gastos más cuestionables del presupuesto nacional.
«Si alguien quiere ser político, que busque su propio financiamiento. A su juicio, el financiamiento estatal de la política distorsiona las prioridades del gasto público.
«El dinero debe ir a empleo, salud, educación y apoyo social real, no a mantener maquinarias electorales», añadió.
Estrada sostuvo que revisar este rubro no es un ataque a la democracia, sino una forma de hacerla más responsable frente al ciudadano.
Cirugía al gasto público
Para el docente universitario, Panamá necesita una verdadera cirugía económica que revise uno por uno los programas de subsidios y gastos del Estado.
Indicó que optimizar el uso de los recursos públicos no es una opción política, sino una obligación fiscal y social.
«Cuando el país no tiene superávit, no puede darse el lujo de financiarlo todo», señaló.
Estrada explicó que revisar subsidios no significa castigar a la población, sino protegerla de un modelo que desperdicia dinero sin resolver problemas estructurales.
«El Estado debe concentrarse en lo que sí impacta: empleo, productividad, servicios básicos y reducción de la pobreza», afirmó.
Advirtió que si no se hace este ajuste, el ciudadano seguirá pagando la factura mediante más impuestos, más deuda o menos servicios.
Lista de algunos de los subsidios más polémicos
Subsidio a la gasolina y combustibles ➤ ≈ 250 – 300 millones Mantiene precios artificiales aunque la población más pobre ni carro tiene.
Subsidio eléctrico (tarifa energética) ➤ ≈ 120 – 180 millones Compensa facturas, pero termina beneficiando más a clases medias y empresas.
Gas de uso doméstico (tanque de 25 lbs) ➤ ≈ 130 millones Es social, pero mal focalizado: también lo reciben hogares que no lo necesitan.
Interés preferencial de viviendas ➤ ≈ 400 – 500 millones Termina subsidiando bancos, promotores y viviendas que no son precisamente «populares».
Programa 120 a los 65 ➤ ≈ 170 – 180 millones Uno de los pocos subsidios claramente sociales.
Subsidio al transporte público (Metro y MiBus) ➤ ≈ 200 millones Sostiene tarifas, pero con baja eficiencia operativa.
Subsidios y exoneraciones al sector empresarial ➤ ≈ 800 – 900 millones Empresas «protegidas» desde los años 80 que no se modernizan porque papá Estado paga.
Financiamiento público a partidos políticos
Estrada señaló que el diseño del subsidio no discrimina por nivel de ingreso y termina convirtiéndose en una ayuda regresiva.
«El que más consume gasolina es el que más recibe el subsidio. Eso es exactamente lo contrario de una política social bien hecha», agregó.
Para el docente universitario, esos recursos deberían redirigirse a programas que tengan impacto directo en las comunidades más pobres y en la generación de empleo.
Empresas en la «zona de confort»
Otro blanco de la crítica de Estrada son los subsidios al sector empresarial e industrial, muchos de ellos vigentes desde la década de los 80.
El economista indicó que existen empresas que sobreviven no por su competitividad, sino porque cada año reciben apoyo estatal que las mantiene en una cómoda «zona de confort».
«Todos los años papá gobierno les pasa el cheque y así no hay incentivo para invertir, innovar o modernizarse», sostuvo.
Entonces no es lógico que el Estado gaste millones subsidiando combustible cuando hay prioridades como empleo, agua potable, salud y transporte», afirmó.