En el Seminario Mayor San José, monseñor José Domingo Ulloa se dirigió a los futuros sacerdotes y les lanzó un mensaje claro: el mayor riesgo en la vida del seminario no es dejar de creer de frente, sino caer en lo que él llamó un 'ateísmo práctico'. 'No se trata de cumplir horarios ni rutinas', dijo Ulloa. 'El Bautismo es la luz que nunca se apaga, y el seminario es el momento justo para cuidarla y dejar que crezca', enfatizó. El arzobispo también explicó que el ministerio sacerdotal no es un cargo ni una función: 'Es una misión que nace desde el Bautismo y se sostiene en una experiencia viva del Espíritu. Creer no es una idea ni una costumbre heredada, es un encuentro diario que se da entre estudios, dudas y dificultades del camino vocacional'. Ulloa subrayó la necesidad de integrar la vida espiritual, humana y pastoral, y llamó a los futuros sacerdotes a vivir con coherencia, cercanía y compasión, siempre al servicio del pueblo. Al final, exhortó a los seminaristas enviados a misión a ser testigos y no protagonistas, y recordó que la fe se anuncia más con la vida que con discursos: 'Creer vale la pena porque transforma, sostiene la esperanza y permite amar al pueblo hasta el extremo'. 'El seminario es un lugar para estar a solas con Dios, escucharlo de verdad, dejar que te mueva, te cuestione y te sane'. El arzobispo recordó que el sacerdote auténtico entiende que servir no es buscar protagonismo. Que la Iglesia real tiene luces y sombras, y aprender a quererla así forma parte del camino. 'Allí se aprende a decir lo que duele, a poner límites, a pedir ayuda y a madurar como persona, con todo lo humano que eso implica', agregó. Ulloa alertó sobre el peligro de la fe que se enfría por dentro: hablar de Dios sin hablar con Dios, acostumbrarse al discurso religioso mientras la vida espiritual se apaga. 'Un sacerdote sin esperanza se endurece o se vuelve cínico'.
Arzobispo advierte sobre ateísmo práctico y llama a vivir la fe desde el corazón
El monseñor Ulloa afirmó que el principal peligro para los seminaristas es no perder la fe, sino caer en el ateísmo práctico viviendo por inercia. Les llamó a una fe viva, una vida coherente y un servicio al pueblo, no a buscar reconocimiento.